Estimados amigos:
Gracias por el tiempo que compartimos y por su interés sincero en la Palabra. Ustedes utilizaron dos textos para asegurar que la ley fue abolida o dejada sin efecto. Con mucho cariño quiero ofrecerles por escrito un razonamiento lógico y basado en la Palabra de Dios de lo que esos textos significan. No busco ganar una discusión, sino que juntos dejemos que la Biblia se explique a sí misma, sin prisa.
Les pido un solo favor: lean cada texto de apoyo en su propia Biblia. Si algo aquí no resiste el peso de las Escrituras, descártenlo. Pero si lo resiste, vale la pena pensarlo con el corazón abierto.
«Porque el fin de la ley es Cristo, para justicia a todo aquel que cree.»
Romanos 10:4La pregunta decisiva es qué significa aquí la palabra fin. En el griego original es télos, y esta palabra tiene dos sentidos posibles: puede significar «terminación» (algo que se acaba) o «meta, propósito, destino» (aquello hacia lo que algo apunta). Es la misma raíz de la que viene «teleología», el estudio de los fines o propósitos.
¿Cuál de los dos sentidos eligió Pablo? No hace falta adivinar: el propio contexto lo dice. En los versículos anteriores (Romanos 9:31–10:3), Pablo está hablando de los israelitas que buscaban la justicia por sus propias obras y no por la fe. El problema que describe no es la ley en sí, sino el haber convertido la ley en un camino de salvación por mérito propio.
Cristo es la meta a la que siempre apuntó la ley: toda ella, con sus sacrificios y su justicia, señalaba hacia Él. Quien tiene a Cristo deja de buscar justicia por sus propias obras, porque encuentra en Él la justicia que la ley nunca pudo dar. Eso es lo que «termina» en Cristo: la ley como método de salvación por mérito propio, no la ley como expresión de la voluntad de Dios.
Que este es el sentido lo confirma el mismo Pablo pocos capítulos antes, donde se anticipa exactamente a esta confusión y la responde sin dejar lugar a dudas:
«¿Luego por la fe invalidamos la ley? En ninguna manera, sino que confirmamos la ley.»
Romanos 3:31Si en Romanos 10:4 Pablo enseñara que la ley quedó abolida, se estaría contradiciendo con lo que él mismo escribió siete capítulos antes, en la misma carta. La interpretación correcta es la que armoniza ambos textos: Cristo es el télos, el destino y cumplimiento de la ley, no su cancelación.
Veamos cómo Pablo habla de la ley a lo largo de sus cartas:
Si la palabra télos significa aquí «terminación», ¿cómo se explica que el mismo Pablo, en la misma carta, diga que la fe «confirma la ley» (Ro 3:31), que el mandamiento es «santo, justo y bueno» (Ro 7:12) y que guardar la ley de Dios es lo que importa (1 Co 7:19)?
«Anulando el acta de los decretos que había contra nosotros, que nos era contraria, quitándola de en medio y clavándola en la cruz.»
Colosenses 2:14Aquí la pregunta es: ¿qué fue exactamente lo que se clavó en la cruz? La respuesta está en la propia frase que Pablo usa. No dice que se clavó «la ley» ni «los mandamientos», sino el acta de los decretos. En griego es jeirógrafon (χειρόγραφον), una palabra muy concreta: significa un documento de deuda escrito a mano, un pagaré, como cuando alguien firma un papel reconociendo lo que debe.
Lo que se clavó en la cruz, entonces, no es la norma que define lo bueno y lo malo, sino el registro de nuestra deuda: la constancia de nuestros pecados, aquello que «había contra nosotros» y «nos era contraria». La ley moral nunca estuvo «contra nosotros»; al contrario, es buena. Lo que estaba contra nosotros era la condenación que pesaba sobre nuestra cabeza por haberla quebrantado. Eso es lo que Cristo canceló en la cruz.
Imaginemos que alguien acumula una deuda enorme y un benefactor la paga por completo y rompe el pagaré. La deuda desaparece para siempre. Pero el hecho de que la deuda esté pagada no significa que ahora se pueda robar o estafar libremente. La ley que define lo correcto sigue en pie; lo que se canceló fue la cuenta pendiente. Eso es precisamente lo que Cristo hizo: pagó nuestra deuda y rompió el pagaré que nos condenaba, no la ley que nos enseña a vivir.
Hay además un detalle que las Escrituras mismas nos dejan ver. Cuando la Biblia describe dónde estaba guardada cada ley, distingue dos cosas muy distintas:
Es esta segunda ley —el sistema de ceremonias, sacrificios y rituales escrito a mano por Moisés— la que era «un documento contra nosotros» y la que apuntaba a Cristo como sombra apunta al cuerpo. Por eso, apenas unos versículos después, Pablo aclara de qué estaba hablando:
«…en cuanto a comida o en cuanto a bebida, o en cuanto a días de fiesta, luna nueva o sábados, todo lo cual es sombra de lo que ha de venir; pero el cuerpo es de Cristo.»
Colosenses 2:16-17La lista de Pablo —«fiesta, luna nueva, sábados»— es exactamente el vocabulario que el Antiguo Testamento usa para el calendario ceremonial de Israel (véase Oseas 2:11; Ezequiel 45:17; 2 Crónicas 8:13). Ese sistema incluía sábados ceremoniales anuales —como el Día de la Expiación— que la propia ley distinguía con cuidado de los sábados semanales del Decálogo:
Si lo clavado en la cruz fueron los Diez Mandamientos, ¿quedaron también abolidos «no matarás» y «no robarás»? Y si solo se abolió uno de los diez, ¿con qué texto de la Biblia se decide cuál?
Hermanos, nos une el amor por la Palabra de Dios y el deseo sincero de agradarle. No escribo esto para vencerlos, sino porque creo de corazón que estos textos, leídos en su contexto y a la luz de otros pasajes, dicen algo distinto de lo que a veces se les hace decir.
La invitación es sencilla: dejemos que un texto explique al otro. Que Romanos 3:31 nos ayude a entender Romanos 10:4, y que Colosenses 2:16 nos diga de qué hablaba Colosenses 2:14. Cuando la Escritura interpreta a la Escritura, casi siempre se disuelven las confusiones.
Quedo con gusto para seguir conversando, con el mismo respeto y aprecio de siempre.
«Escudriñad las Escrituras» — Juan 5:39
Con afecto, en el amor de Cristo.