¿Quién es Jesús, realmente?

Una conversación amorosa sobre lo que dice la propia Biblia — con versículos de la Traducción del Nuevo Mundo

Querido amigo o amiga: Lo que tienes en tus manos no es un ataque ni una crítica. Es una invitación sincera a leer juntos algunos pasajes de la misma Biblia que ambos amamos. Creemos que la verdad no necesita presión: solo necesita luz.

Te pedimos que leas con el corazón abierto, como lo haría alguien que realmente quiere conocer a Jesús tal como Él mismo se reveló.

Todos los versículos de esta página provienen de la Traducción del Nuevo Mundo (TNM), la misma Biblia que usas. No queremos convencerte con nuestra traducción, sino invitarte a reflexionar sobre lo que dice la tuya.

1

El Padre mismo llama «Dios» a Jesús

Hebreos 1:8

En el primer capítulo de Hebreos, Dios Padre está hablando de su Hijo. En ese contexto aparece este versículo extraordinario:

Hebreos 1:8 — TNM
«Pero con respecto al Hijo: 'Dios es tu trono por los siglos de los siglos.'»

Aquí no es un profeta, ni un apóstol, ni un ser humano quien llama «Dios» a Jesús. Es el propio Padre Celestial quien se dirige a su Hijo con esa palabra. La frase «tu trono, oh Dios» proviene del Salmo 45:6, un texto dirigido originalmente a Dios mismo, y el autor de Hebreos lo aplica directamente a Jesús sin ninguna calificación ni reserva.

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Para reflexionar: Si Jesús fuera solo un ser creado —aunque fuera el más excelso de todos—, ¿estaría Dios Padre cometiendo una blasfemia al llamarlo «Dios»? ¿O estará revelando algo profundo sobre la naturaleza de su Hijo?

2

Tomás lo llama «Dios mío» y Jesús lo aprueba

Juan 20:28

Después de la resurrección, el apóstol Tomás se encuentra cara a cara con Jesús resucitado. Su reacción es inmediata y profunda:

Juan 20:28 — TNM
«En respuesta Tomás le dijo: '¡Mi Señor y mi Dios!'»

Lo más significativo no es solo lo que dice Tomás, sino lo que hace Jesús a continuación: no lo corrige. No dice «No, Tomás, no soy Dios, solo soy el Hijo de Dios creado». En cambio, le responde: «¿Por qué has creído? Dichosos los que no han visto y, sin embargo, han creído.»

Comparemos con otros textos. Cuando el apóstol Pedro recibió adoración, dijo inmediatamente: «Ponte de pie; yo mismo también soy un hombre.» (Hechos 10:26, TNM). Cuando Juan quiso adorar a un ángel, el ángel dijo: «¡No hagas eso!... Adora a Dios.» (Apocalipsis 22:9, TNM). Jesús no hace nada de eso. Acepta la adoración porque sabe que le pertenece.

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Para reflexionar: Si Jesús fuera una criatura —aunque fuera la más perfecta—, ¿por qué no corrigió a Tomás como lo hicieron Pedro y el ángel? ¿Acaso Jesús aceptaría ser llamado «Dios» si eso fuera una mentira?

3

Jesús existía «en forma de Dios»

Filipenses 2:6

Pablo describe lo que Jesús era antes de venir a la tierra con estas palabras:

Filipenses 2:6 — TNM
«quien, aunque existía en forma de Dios, no consideró el ser igual a Dios una cosa a la que aferrarse.»

La palabra griega traducida «forma» es morphē, que en el griego clásico siempre se refiere a la naturaleza esencial de algo, no a su apariencia externa. Estar «en forma de Dios» significa compartir la naturaleza divina, no simplemente parecerse a Dios desde afuera.

Además, el texto dice que Jesús no consideró la «igualdad con Dios» algo a lo que aferrarse. ¿Cómo podría una criatura, por más excelsa que fuera, tener esa igualdad para decidir si aferrarse a ella o no? Una criatura nunca podría tener igualdad con el Creador en ese sentido.

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Para reflexionar: Si Jesús era solo el arcángel Miguel, como enseña la organización, ¿en qué sentido podría un ángel existir «en forma de Dios» y tener «igualdad con Dios»?

4

En Jesús mora toda la naturaleza divina

Colosenses 2:9

Pablo, al describir quién es Jesús, utiliza la expresión más fuerte posible:

Colosenses 2:9 — TNM
«porque es en él que mora corporalmente toda la plenitud de la naturaleza divina.»

Observa tres palabras clave tal como las traduce tu propia Biblia:

  • TODA — no una parte, no un reflejo, sino la totalidad absoluta.
  • PLENITUD — completa, sin falta ni disminución alguna.
  • NATURALEZA DIVINA — la esencia misma de ser Dios.

El verbo «mora» está en tiempo presente: no dice «moró» temporalmente. Significa que esa presencia divina completa habita en Jesús de manera permanente y continua, incluso ahora en el cielo.

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Para reflexionar: Si toda la naturaleza divina mora en Jesús, ¿en qué sentido es Jesús inferior al Padre en su esencia? ¿Puede una criatura contener en sí misma toda la naturaleza de Dios?

5

Jesús usa el título exclusivo de Jehová

Isaías 44:6 · Apocalipsis 1:17 · Apocalipsis 22:13

Este es quizás el punto más poderoso. Leamos primero lo que Jehová dice de sí mismo en el Antiguo Testamento:

Isaías 44:6 — TNM
«Esto es lo que dice Jehová, el Rey de Israel y su Redentor, Jehová de los ejércitos: 'Yo soy el primero y yo soy el último, y aparte de mí no hay Dios.'»

Este título —«el primero y el último»— es exclusivo de Jehová. Él mismo afirma que «aparte de mí no hay Dios.» Ahora leamos lo que dice Jesús en el libro de Apocalipsis:

Apocalipsis 1:17 — TNM
«Y puso su mano derecha sobre mí y dijo: 'No temas. Yo soy el primero y el último.'»
Apocalipsis 22:13 — TNM
«Yo soy el alfa y la omega, el primero y el último, el principio y el fin.»

Estas palabras en Apocalipsis las dice Jesús. El mismo título que en Isaías Jehová declara exclusivamente suyo, Jesús lo aplica a sí mismo sin ninguna reserva. La Biblia nunca contradice a Dios: si Jehová dice que solo Él es «el primero y el último», y Jesús usa ese mismo título, la conclusión es inevitable.

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Para reflexionar: Si Jehová dijo «aparte de mí no hay Dios», y Jesús usa el título que solo Jehová tiene, ¿qué nos está diciendo Dios sobre la naturaleza de su Hijo?

6

«Antes de que Abraham llegara a existir, yo he sido»

Juan 8:58

En una discusión con los líderes religiosos judíos, Jesús hace una afirmación que los dejó sin palabras y los llevó a querer apedrearlo:

Juan 8:58-59 — TNM
«En verdad, en verdad les digo: Antes de que Abraham llegara a existir, yo he sido. Por eso alzaron piedras para arrojárselas; pero Jesús se ocultó y salió del templo.»

La reacción de los judíos es la clave para entender lo que Jesús estaba diciendo. Tomaron piedras para apedrearlo —el castigo de la ley mosaica por blasfemia, por hacerse igual a Dios. Ellos no entendieron que Jesús reclamaba simplemente antigüedad o preexistencia. Entendieron que estaba tomando para sí el nombre sagrado «YO SOY» de Éxodo 3:14, donde Dios se reveló a Moisés.

Fíjate en el contraste: Abraham «llegó a existir» —tuvo un comienzo—. Jesús, en cambio, usa el presente: «yo he sido» —una existencia sin principio—. El griego dice simplemente «egō eimi»: Yo soy. Las mismas palabras que Dios usó ante Moisés en la zarza ardiente.

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Para reflexionar: Si Jesús solo estuviera reclamando que existió antes que Abraham como criatura celestial, ¿por qué querían apedrearlo? Los ángeles existieron antes que Abraham y nadie quiso apedrearlos por decirlo.

Una última reflexión desde el corazón

No compartimos esto para ganar un debate. Lo compartimos porque creemos que conocer a Jesús tal como realmente es —no como un ser inferior, sino como el Dios eterno que se hizo carne por amor a nosotros— cambia todo. Cambia la manera en que oramos, en que adoramos, en que entendemos la salvación.

Si Jesús es solo una criatura, entonces en la cruz murió una criatura por nosotros. Pero si Jesús es Dios mismo en carne humana, entonces en la cruz el amor infinito de Dios se entregó personalmente por cada uno de nosotros. Esa diferencia lo es todo.

Juan 1:14 — TNM
«Y el Verbo se hizo carne y residió entre nosotros, y contemplamos su gloria, una gloria como de hijo unigénito de parte del padre; y estaba lleno de favor inmerecido y verdad.»

Te invitamos a seguir buscando con honestidad y con oración. El mismo Jesús dijo: «Sigan buscando, y hallarán.» (Mateo 7:7, TNM). Él mismo se encargará de revelarse a quien lo busca de todo corazón.

Con amor y respeto para ti — quien busca a Dios sinceramente.

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